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Editorial

Desde hace un par de años, en los programas de actualidad de la radio y la televisión de la mayoría de países se viene hablando y debatiendo sobre recortes en los servicios públicos. Cosas de la recesión... Podría parecer, por tanto, que éste no es el momento oportuno para publicar un número sobre interpretación en los servicios públicos. Existen evidencias de que los intérpretes que trabajan en el sector privado han experimentado recientemente un descenso de la demanda de empleo. El uso del ordenador en interpretación, tan generalizado en traducción, está creciendo también en dicho sector.

Y sin embargo, la interpretación en los servicios públicos no parece haber sufrido recortes de presupuesto significativos. En el Reino Unido los medios de comunicación inciden a veces en el alto coste de la traducción y la interpretación en los servicios públicos en ámbitos como el de la policía, aunque las autoridades no lo han cuestionado. Se admite que hay escasez de intérpretes en muchos pares de idiomas. Por ejemplo, desde 2005 se viene reconociendo oficialmente la necesidad de intérpretes en los servicios públicos en el Reino Unido, y La UE lanzó el año pasado una campaña de contratación para mediadores en lengua inglesa. El mes pasado, la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del Parlamento Europeo abogó por un mayor amparo del derecho a la interpretación y la traducción para los inculpados en procedimientos penales de la Unión Europea.

Parecería así que si bien la recesión ha pasado factura a los intérpretes del sector privado que a menudo son considerados como un coste adicional en reuniones internacionales de negocios que no son tan frecuentes, la interpretación en los servicios públicos está en constante crecimiento.

Por ello resulta más que oportuno que JoSTrans, bajo la dirección de Jan Cambridge, dedique un número a la interpretación en los servicios públicos. Y quizá por el mismo motivo, y a pesar de que la investigación en esta área haya empezado a despertar interés sólo en los últimos tiempos, no es extraño que sea un número especial, tanto en contenido como en número de páginas. Lo cual se debe a la gran variedad de temas abordados, desde el lenguaje de signos y la interpretación médica a la formación de intérpretes, pero también a su plantel internacional: tres aportaciones desde el Reino Unido, seis desde diferentes países de la UE, dos desde Australia, una desde Canadá y otra más desde los EEUU.

Así que mientras en este mundo globalizado el interlingüismo, junto a sus agentes, queda a menudo relegado, los intérpretes en los servicios públicos lo evidencian como un valor necesario.

Lucile Desblache (trad. Gilen Mejuto)